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Imperio Antiguo

(2686-2181 a. de C.)

El faraón Zoser, quien restableció la capital en Menfis, inició el período conocido como Imperio Antiguo. De esta manera se creó la III dinastía, dando comienzo a la época de las pirámides, cuyo pionero fue este faraón, cuyo arquitecto Imhotep diseñó la que sería la primera pirámide del país, la pirámide escalonada (Saqqara), formada por una serie de mastabas superpuestas.

En esta época, los monarcas mantuvieron un poder absoluto sobre un gobierno sólidamente unificado. La religión también desempeñó un papel importante, tal y como se aprecia en la mitología egipcia; de hecho, el gobierno había evolucionado con una tendencia de sistema teocrático, donde el faraón era considerado un dios en la tierra, por lo que gozaba de poder absoluto.

La IV dinastía es coetánea de las grandes pirámides. Su fundador, el faraón Snefru, se encarga de levantar dos imponentes pirámides en Dahshur, a 10 km al sur de Saqqara. Este fue un faraón guerrero que realizó campañas en Nubia, Libia y el Sinaí. Durante su mandato hubo un gran desarrollo comercial que, junto con la minería, llevaron la prosperidad al reino.

Tras la muerte de Snefru, su hijo Keops construyó la primera de las tres pirámides de Giza. A este le siguió su hijo Djedefre, que solo reinó durante ocho años y construyó su modesta pirámide en Abu Rawash. Los siguientes faraones serían Kefrén y Micerinos, quienes completaron la planicie de Giza con sus dos pirámides.

En la IV dinastía la civilización egipcia alcanzó la cumbre de su desarrollo y este alto nivel se mantuvo durante la V y VI dinastías. El esplendor manifestado en las pirámides se extendió a numerosos ámbitos del conocimiento, como arquitectura, escultura, pintura, navegación, artes menores y astronomía. Los astrónomos de Menfis establecieron un calendario de 365 días. Los médicos del Imperio Antiguo también destacaron por su gran conocimiento en fisiología, cirugía, el sistema circulatorio y el uso de antisépticos.

Userkaf fundó la V dinastía; durante esta época, las concepciones teológicas sufrieron una ulterior evolución y cada vez adquirieron mayor importancia el culto al dios solar, del cual el faraón se convirtió en su hijo en la tierra. Sin embargo, esta dinastía mantuvo la prosperidad con la ampliación del comercio exterior y las incursiones militares en Asia, se evidenciaron los signos del declive de la autoridad real debido al aumento de la burocracia y al incremento del poder de los administradores que no pertenecían a la realeza, como la clase sacerdotal.

Los faraones Sahure, Neferirkara y Seuserra levantaron sus pirámides en Abu Sir, emplazamiento situado entre Giza y Saqqara. Pero la V dinastía destacó por su último faraón, Unas, quien construyó la primera pirámide en cuyas paredes interiores se grabaron lo que después pasaría a llamarse «Los textos de las pirámides», (Saqqara).

A lo largo de la VI dinastía, la autoridad de los faraones se atenuó y se aprecian tendencias independentistas. Los soberanos de esta época; Teti, Pepi I, Merenre y Pepi II, levantaron sus pirámides en Saqqara. El reinado más largo de toda la historia egipcia (94 años), estuvo a cargo de Pepi II, con quien terminó la VI dinastía y el Imperio Antiguo.