egipto.es

Imperio Nuevo

(1567-1080 a. de C.)

Amosis inició la XVIII dinastía. Este faraón restableció los límites, los objetivos y la burocracia del Imperio Medio, y reactivó su programa de aprovechamiento de la tierra. Logró mantener el equilibrio de poder entre los monarcas y él mismo con el apoyo del ejército. La importancia de la mujer en el Imperio Nuevo estuvo marcada por los altos títulos y la destacada posición de las esposas y madres de los faraones.

Amenhotep I tuvo total control sobre su administración, fue corregente durante cinco años y empezó a extender los límites de Egipto hacia Nubia y Palestina. Con el reinado de Tutmosis I, Egipto alcanzó su máxima expansión: hacia el norte llegó hasta el Éufrates y al sur hasta la cuarta catarata. Este faraón reforzó la preeminencia del dios Amón; su tumba fue la primera en construirse en el Valle de los Reyes.

Tutmosis II tuvo como sucesor a Tutmosis III. Es el momento en el que aparece la viuda de Tutmosis II, la famosa reina Hatshepsut, que se hace cargo del trono que no podía gobernar el joven Tutmosis III.

A la muerte de Hatshepsut, Tutmosis III por fin pudo gobernar libremente el país y emprendió una serie de grandes construcciones, sobre todo en el templo de Karnak. Este fue sin duda uno de los más grandes faraones: organizó batallas en Siria, donde había surgido el reino de Mitanni, pero se vio obligado a devolver los territorios del Éufrates. Al mismo tiempo, promovió expediciones a Nubia, donde fundó una capital provincial en Napata. Veinte años después de la muerte de Hatshepsut ordenó la eliminación de su nombre y sus imágenes de todos los edificios donde habían sido inscritos.

Amenofis II continuó con la guerra contra Mitanni, que no terminaría hasta la subida al trono de Tutmosis IV. Fue este soberano quien tuvo un sueño junto a la Esfinge de Giza, cuando esta se hallaba cubierta de arena, y él todavía no era faraón. Según parece, la esfinge le dijo en sueños que si la liberaba de la arena llegaría a ser faraón. Este así lo hizo, y logró gobernar el país.

Con Amenofis III alcanzó su esplendor la XVIII dinastía. Durante su reinado se lograron establecer relaciones diplomáticas con los mandatarios de Babilonia, Siria y Mitanni.

El siguiente faraón sería Amenofis IV, más conocido como Ajenatón (Akhenaton), quien provocó una revuelta en Tebas al cambiar el culto del dios Amón por el de Atón (el disco solar), al que declaró dios oficial. A consecuencia de la revuelta, Tebas perdió su estatuto de capital que se estableció en Tell El Amarna (Egipto Medio). Akhenaton tuvo seis hijas con Nefertiti, pero ningún hijo varón.

A la muerte de Ajenatón le sucedió Tutanjatón, hijo probablemente de una esposa de Akhenaton, de rango inferior, quien trasladó de nuevo la capital a Tebas. En ese momento cambió su nombre de Tutanjatón, por el más conocido de Tutakhamon. Tras el asesinato de Tutakhamon, tal vez por parte de Aya, Horemheb, el general del ejército, subió al trono de Egipto.

Ramsés I fundó la XIX dinastía, pero sería su hijo Seti I, quien consiguiera despertar a Egipto del letargo que padecía, construyendo infinidad de monumentos y dándole a las tropas antiguas el nombre del ejército más temido de toda Asia; luchó contra los libios, los sirios y los hititas. Ramsés II, su hijo, le sucedió, volviendo a trasladar la capital de Egipto a un nuevo lugar, esta vez en el Delta del Nilo, llamado Ávaris, la antigua capital de los hicsos que él llamó Pi-Ramsés. Al igual que su padre, continuó luchando contra los hititas. Llevó a cabo la batalla de Qadesh (1274) en Siria, a orillas del río Orontes, y firmó un tratado de paz. Este faraón sería el que más monumentos construyera en todo Egipto, destacando los templos de Abu Simbel, Menfis, Bubastis, Abidos, Karnak, El Ramesseum, etc.

El hijo de Ramsés II, Meneptah, se encargaría de suceder a su padre. Este derrotó a los pueblos invasores procedentes del mar Egeo que asolaron el Próximo Oriente en el siglo XIII a. de C. Estos hechos fueron narrados en un texto esculpido en una estela donde figura la primera mención escrita, conocida, del pueblo de Israel.

Seti II sería el encargado de gobernar a continuación, hasta su muerte, momento en que le sustituiría su viuda Tausert, pero por solo dos años. Después de sucederse varios faraones, que no aportaron nada nuevo a la historia, se derrumbó la XIX dinastía.

Con el corto reinado del faraón Setnajt comenzó la XX dinastía, en la que el faraón más sobresaliente fue Ramsés III. Este soberano dejó grandes monumentos, entre los que destacan el templo de Medinet Habu. También combatió con éxito contra los libios y pueblos procedentes del Mediterráneo. A esta dinastía se le conoce como «dinastía Ramésida» y terminaría con Ramsés XI.

Casi al final de la dinastía, el poder central se hizo más débil y el Gran Sacerdote del dios Amón de Karnak se convirtió en una de las autoridades más poderosas del país. Un ejemplo fue el Gran Sacerdote Herihor, quien gobernó por un corto período.