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Epoca tardía

(730-332 a. de C.)

Aunque en este período el país se vio envuelto en diferentes guerras, al mismo tiempo atravesó por una época de prosperidad y desarrollo cultural. Los soberanos eran los auténticos sucesores de los primeros faraones e intentaban conservar su herencia cultural. No obstante, Egipto perdió su independencia durante unos siglos. A lo largo del mandato nubio, el país conoció una época de bienestar y volvió a convertirse en una gran potencia. Por aquel entonces, su único temor era Asiria, cuyos reyes, ayudados por los mandatarios de Sais, ocuparon Egipto durante un tiempo. Psamético I (XXVI dinastía), hacia el 653 a. de C., doblegó el poder de los pequeños estados independientes y devolvió la unidad al país. Esta dinastía se vio favorecida por un período de prosperidad, que vino marcada por el comercio con Grecia. El faraón Necao comenzó la construcción de un canal que conectaba el Nilo con el mar Rojo, pero
no llegó a finalizarlo.

En el año 525 a. de C., Psamético III fue derrotado por Cambises y Egipto se convirtió en una provincia persa, bajo dominio de los reyes persas: Cambises, Darío I, Jerjes I, Artajerjes y Darío II. Pero Egipto no volvió a ser independiente hasta el 380 a. de C., con Nectanebo I, un general de Sebenito. Así se estableció la última dinastía autóctona, aunque poco duraría porque entre el 343 y el 332 a. de C., los persas volvieron a reconquistar el país, al mando de Artajerjes III. Asimismo, el faraón Nectanebo II, que se había aliado con los espartanos, fue derrotado y huyó a Nubia. Así, entraría la XXXI dinastía (que no se menciona en la cronología de Manetón).