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Valle de los Reyes

El lugar más famoso de la orilla occidental aparece justo donde termina el camino que hemos seguido durante todo el recorrido anterior.

Los árabes conocen el valle como Biban El Moluk, (las Puertas de los Reyes), o Wadi El Moluk, (Valle de los Reyes). Los antiguos egipcios lo llamaban de diferentes maneras, como ta sejet aat, «Campo Grande» o «la hermosa escalera del oeste». No obstante, su traducción literal era «la grande y augusta necrópolis de los millones de años del faraón, Vida Fuerza, Salud, en el oeste de Tebas».

En la actualidad el acceso al valle se hace a través de una carretera asfaltada, por el mismo camino que utilizaron los antiguos faraones. El valle está dividido en dos partes: el lado oeste se conoce como Valle Occidental o Valle de los Monos, y solamente contiene cuatro tumbas. De éstas solamente dos son reales y pertenecen a los faraones Amenhotep III (KV nº 22) y Ay (KV nº 23). El otro lado, al que se accede por la carretera asfaltada es el conocido como Valle de los Reyes y reúne 58 tumbas.

El valle está coronado por la montaña tebana en forma de cono, conocida como El Qurn (el cuerno). En época faraónica se identificaba como la serpiente-diosa Mertseger, «la que ama el silencio». Posiblemente su forma piramidal es lo que llevó a los faraones del Imperio Nuevo a la excavación de sus enterramientos en este lugar, que le daba el parecido a las pirámides del Imperio Antiguo.

Al parecer, el primer faraón en excavar su tumba en el valle, fue Tutmosis I (KV nº 20). La mayoría de las tumbas fueron violadas y asaltadas durante la época faraónica, especialmente, a finales del reinado de Ramsés III, cuando el país sufrió una importante inestabiliad política y social. Y es por eso por lo que los sacerdotes de dinastías posteriores trasladaron los cuerpos de los faraones a otros lugares más seguros, como Deir El Bahari.

Desde la época ptolemáica y, romana después, ningún viajero llegó hasta éste misterioso lugar. Sería en 1708 cuando el jesuita Claude Sicard mencionó las tumbas del Valle de los Reyes en la antigua Tebas. En 1734 el clérigo inglés Richard Pococke llegó hasta el valle y trazó el primer plano del mismo, en el que señalaba dieciocho tumbas, de las que solamente la mitad tenían acceso. Los siguientes en llegar serían James Bruce en 1769 y los erúditos de la expedición de Napoleón en 1798. Giovanni Battista Belzoni descubrió las tumbas de Ramsés I, Seti I y Ay en 1817. Otro excavador fue James Burton, que halló dos sepulcros sin inscripciones y la tumba KV 5 que atribuyó al príncipe Meriatón (recientemente redescubierta por Kent Weeks). Tras el paso de viajeros y científicos, como el caso de Champollion, Richard Lepsius, etc., no hubo ningún descubrimiento hasta 1898, cuando el francés Víctor Loret sacó al descubierto las tumbas de Tutmosis III y Amenhotep II; un año después halló la de Tutmosis I. En 1903 Howard Carter encontró la tumba de Tutmosis IV. Dos años después, Thedore Davis descubrió la tumba intacta de Yuya y Tuya. En aquellos años también Edward Ayrton halló los sepulcros de Siptah y Horemheb. Finalmente, en 1922, Howard Carter protagonizó el mayor descubrimiento del Valle, la tumba intacta del faraón Tutankhamon.

El Valle hoy en día

De las 62 tumbas con que cuenta el valle, actualmente sólo se pueden visitar unas cuantas. Éstas permanecen abiertas durante un período determinado del año, para después ser cerradas y abrir otras diferentes. De esta manera se pretende que las tumbas no sufran los problemas de deteriorización derivados de la humedad que producen las avalanchas de turistas. Muchas de las tumbas ya están mejor acondicionadas y la mayoría de las pinturas han sido cubiertas con cristales. Todas disponen de rampas de madera para facilitar su acceso, al igual que están iluminadas. También están catalogadas por un número precedido por las siglas KV, esto deriva del inglés «Kings Valley» o «Valle de los Reyes».

Desde hace pocos años no se permite que los coches lleguen hasta la puerta del valle, sino que quedan a unos dos kilómetros de la entrada. Aquí hay que montar en un pequeño trenecito, conocido como Taf Taf (se paga billete), que te acerca hasta la entrada. El mismo procedimiento hay que hacer a la vuelta. Éste sale desde la puerta trasera de la cafetería que hay antes de llegar al valle, a la izquierda de la carretera.

Hay que recordar que no está permitido filmar en el interior de las tumbas y que para sacar fotografías (sin flash) hay que pagar una entrada por cada tumba que se quiera fotografiar; no está permitido el uso de trípode. La entrada normal al valle es válida para visitar tres tumbas, excepto la tumba de Tutankhamon que se necesita una entrada aparte. Al contrario que en el resto de los monumentos de esta zona, en la taquilla del Valle es posible adquirir las entradas a las tumbas que se quieran visitar.

Es recomendable, sobre todo en verano, visitar el valle lo más temprano posible, pues en el interior de las tumbas no hay mucho aire y hace mucho calor, al igual que en el exterior, donde los termómetros pueden alcanzar temperaturas superiores a los 40°C. No obstante, no hay duda que es otra de la visitas claves del viaje a Egipto.

            Entre las tumbas más interesantes que encontraréis, comenzando desde la puerta de entrada, están:

              La Tumba de Ramsés IV: está situada antes de la puerta de entrada al recinto, a la derecha del camino.

            Es una tumba pequeña pero con inscripciones de gran valor. Permanece abierta desde la antigüedad, cuando los viajeros de los siglos XVIII y XIX la visitaron. En su interior se formó una iglesia durante la época copta. Alberga un sarcófago de 3,5 m de largo por 2,70 m de ancho, al que unos antiguos ladrones abrieron e incendiaron uno de sus lados, para después echarle agua fría y desprenderlo del granito recalentado. Ramsés IV, con sus seis años de reinado, se apropió de esta tumba de su antecesor, Ramsés V.

            En el interior se pueden ver algunas de las pintadas dejadas por diferentes excavadores y viajeros que pasaron por aquí. Uno de los últimos y más famosos fue Howard Carter, quien midió la tumba por el antiguo sistema de codos.

            De sus pinturas destacan las de la antecámara con partes del «Libro de los Muertos». Es una de las tumbas más fáciles y cómodas para entrar.

            La Tumba de Ramsés IX: es la primera que hay a la izquierda nada más entrar en el recinto del valle. Ramsés IX fue un faraón de la XX dinastía que se mantuvo durante 19 años en el trono.

            Algo más de la mitad de la tumba se cree que fue completada a la muerte del rey. Y solamente el primer corredor fue decorado en vida de Ramsés IX. Destacan las imágenes del segundo corredor, donde hay escenas astronómicas (constelaciones y una lista de decanatos). En el tercer corredor se ven escenas del «Libro de los Muertos» y la «Duat».

            La tumba no es muy impresionante, aunque tiene un largo pasillo. Darrey encontró dos palos del trineo de madera que sirvió para la procesión funeraria del rey.

            La Tumba de Ramsés II: se halla frente a la anterior. Dado el pésimo estado en que se encuentra, está siempre cerrada, pues hay peligro a que se derrumbe el techo. Está toda llena de escombros debido a las inundaciones y a los desprendimientos que se han producido en ella. Pero en los últimos años el francés Christian Leblanc y su equipo están convencidos de poder limpiarla totalmente, tarea que abandonaron muchos otros arqueólogos. Esta tumba ha dado siempre mucho que pensar, pues no se ha encontrado nunca el sarcófago del faraón, por eso se cree que éste faraón pudo tener otra tumba. De todas formas, es una de las más grandes del valle, pues tiene una superficie de 820 m2 y la cámara sepulcral 181 m2.

            La Tumba de Meneptah: se localiza al final del camino que empieza justo a la derecha de la tumba de Ramsés II y perteneció al decimotercer hijo de Ramsés II.

            No tiene gran cosa interesante, pero merece una visita para poder apreciar su gran profundidad y su largo pasillo que nos conduce directamente a la sala mortuoria. Esta tiene representaciones del «Libro de las Puertas» y un techo astronómico, reemplazando al «Duat», con escenas de orientación solar del «Libro de las Cavernas».

            La Tumba de Smenkare: más conocida como el escondite de Amarna, queda entre la tumba de Ramsés IX y el cobertizo de descanso. Perteneció al faraón Smenkare y se cree que fue excavada por Ajenatón. Sin embargo, no se sabe por qué estaba destinada para Smenkare, un joven faraón que solo reinó durante tres años. Se dice que parte del tesoro de Tutankhamon pertenecía a Smenkare. No obstante, las últimas investigaciones en la momia que aquí se encontró, podrían asegurar que se trataba de la momia del propio Ajenatón, trasladado aquí desde su tumba en Tell El Amarna.

            La Tumba de Tutankhamon: sin duda, es la tumba más conocida y popular del Valle e incluso del mundo entero. La tumba es muy fácil de localizar, ya que se encuentra en el centro del valle, justamente un poco más abajo de la tumba de Ramsés VI.

 

 

Historia de un descubrimiento y una leyenda: la tumba de Tutankhamon

            Cuando ya parecía que no había más tumbas en el valle, tras seis largos años de búsqueda, el interés y empeño del inglés Howard Carter, apoyado económicamente por Lord Carnarvon, se vio recompensado al descubrir la entrada de una tumba sellada. En el sello real estaba representado Anubis encima de nueve cautivos sentados. En la mañana del día siguiente (6 de noviembre de 1922) Carter mandó a Lord Carnarvon, que se encontraba en Londres, el siguiente telegrama: «Hecho por fin maravilloso descubrimiento en valle. Una tumba magnífica con sellos intactos. Enhorabuena». La tumba se volvió a tapar hasta la llegada de Carnarvon. El día 26 de noviembre, después de que hubiera llegado Lord Carnarvon y su hija Evelyn Hervent. Una vez limpiado todo el corredor que bajaba hasta la última de las puertas y con la asistencia de Callender, se pudo llevar a cabo lo que tanto se había esperado. Carter lo cuenta así:
            «Con manos temblorosas abrí un pequeño agujero en la esquina superior izquierda. Metí una varilla de hierro y comprobamos que no había nada detrás. Utilizamos la prueba de la vela para asegurarnos que no había aire viciado y luego ensanchando un poco el agujero coloqué la vela dentro y miré, teniendo detrás de mí a Lord Carnarvon, Lady Evelyn y Callender, que aguardaban el veredicto ansiosamente. Al principio no pude ver nada ya que el aire caliente que salía de la cámara hacía parpadear la llama de la vela, pero luego cuando mis ojos se acostumbraron a la luz, los detalles del interior de la habitación emergieron lentamente de las tinieblas, animales extraños y estatuas y, por todas partes, el brillo del oro. Solamente había pasado un momento, y Lord Carnarvon ya no podía esperar más. Me preguntó ansiosamente: `¿puede ver algo?´, todo lo que pude decir fue `sí, cosas maravillosas´».
Lo que hubiese sido la última temporada de excavaciones, supuso la continuación de diez campañas para Howard Carter, ya que Lord Carnarvon murió el 5 de abril de 1923. Su muerte levantó rumores acerca de una maldición, difundida por los medios de información. Ya que a la muerte de Carnarvon le siguieron veintiuna más, de otros tantos investigadores o trabajadores que intervinieron en el hallazgo de la tumba. Esta leyenda parece que se originó en una inscripción que se descubrió durante la limpieza de la antecámara. Descifrada por Alan Gardiner decía así: «La muerte golpeará con su bieldo a aquel que turbe el reposo del faraón». Ninguno de los científicos dio importancia a ésta maldición, pero como se conocía el fervor hacia las cosas de ultratumba de los excavadores egipcios, decidieron no incluirla en el inventario. Esta tablilla se dio por perdida, pero es mencionada por casi todos los historiadores. También en el reverso de otro amuleto apareció la maldición, pero expresada de la siguiente manera: «Yo soy el que ahuyenta a los profanadores de tumbas con la llamada del desierto. Yo soy el que custodia la tumba de Tutankhamon». Todos estos acontecimientos son los que llevaron a la conocida leyenda de la maldición del faraón.

La visita

            Es la tumna más pequeña de todo el valle.

            Entre las pocas pinturas con que ha sido decorada, hay que señalar las que representan a Ay, el sucesor de Tutankhamon (se cree que fue el encargado de todo el proceso funerario del faraón). También aparecen unos babuinos sagrados, testigos del viaje solar.

            En la cámara sepulcral aún se puede ver uno de los tres sarcófagos de oro que albergaba la tumba. En este se halla la momia del joven faraón, llevada a El Cairo para su reconocimiento y vuelta a traer a su sepulcro. La tumba está dividida por un pasadizo que baja hasta la antecámara, por un anexo, la cámara sepulcral y la cámara de almacenaje (donde se encontraron los mayores tesoros).

            La Tumba de Ramsés VI: se halla un poco más arriba de la tumba de Tutankhamon. Antiguamente era llamada la tumba de Memnón, ya que se creía que pertenecía a dicho faraón. Como en otras tumbas del valle, a los turistas e investigadores de la época no se les ocurrió otra cosa que dejar grabados sus nombres, entre estos se pueden ver los de Thomas Legh y su compañero Charles Smal. Champollion también se alojó en ella mientras duró su estancia en el valle.

            Durante una de las limpiezas de que ha sido objeto, Burton encontró algunas cosas del ajuar funerario de este faraón, junto con otros de su antecesor, Ramsés V, quien se cree que excavó la tumba que más tarde compartirían ambos faraones.

            Al igual que otras tumbas ramésidas, se caracteriza por tener unos largos corredores; mide 88 metros de profundidad. Este tipo de corredores ramésidas eran llamados «los corredores del camino del sol» y sus techos estaban decorados con motivos astronómicos. Esa es la razón por la que la mayor representación de la tumba haya sido realizada en el techo de la cámara del sarcófago. En la decoración se puede ver a Nut (diosa del cielo) representada en la misma imagen dos veces, una en la mitad inferior y otra en la mitad superior, con los pies y las manos apoyadas en la tierra y el cuerpo estirado, representando el cielo. Esta figura es una clara referencia al «Libro del Día y la Noche», o las estrellas, con el viaje diurno y nocturno del sol, dentro y fuera del cuerpo de Nut. Otras de las escenas pintadas en las paredes de la cámara del sarcófago muestran la vida de ultratumba.

            El sarcófago del faraón se encuentra en la cámara mortuoria, pero totalmente destrozado, lo que ha dado origen a otro enigma, ya que se necesita una gran fuerza para romper un bloque de piedra de esa magnitud.

            La Tumba de Ramsés III: tras la visita de la tumba de Ramsés VI, es recomendable que la siguiente sea la de Ramsés III. Para llegar hasta ella, girad a la derecha al salir de la tumba de Ramsés VI, luego seguid el camino de la derecha, la segunda tumba que veáis será la de Ramsés III.

            Está considerada como la tercera más grande del valle (120 m) y su principal atracción son las famosas pinturas de los arpistas ciegos, situadas en una de las pequeñas cámaras de la izquierda. La sala también es llamada «sala de las dos».

Antiguamente se le llamó la tumba de Bruce, ya que fue el primero que pintó a los arpistas. Todas las pinturas del corredor central representan imágenes de la vida cotidiana.

            Fue empezada a excavar por Setnajt, quien la abandonó para continuar en la nº 14, en la que fue enterrado. Finalmente su hijo, Ramsés III, continuó con la excavación de la tumba, donde fue enterrado.

            En general los relieves de la tumba están muy bien conservados. Destacan las columnas de idéntica factura con cabeza de la diosa Hathor que se halla a la puerta de la entrada. En los primeros pasillos, las escenas están dedicadas a Setnajt, pero a partir del cuarto, toda la decoración cambia al estilo de Ramsés III.

            El sarcófago de la tumba fue trasladado a Alejandría, donde luego se vendió al rey de Francia. Actualmente se halla en el museo del Louvre. La tapa también fue vendida después de haber sido restaurada, ya que se hizo pedazos al sacarla de la tumba. Se puede ver en el museo Fitz Willian de Cambridge.

            La Tumba de Horemheb: para llegar, seguid el camino que asciende a la derecha y luego la primera bifurcación de la derecha, al final del camino hallaréis la tumba. Horemheb antes de ser faraón fue jefe del ejército.

            La tumba fue descubierta el 22 de febrero de 1908 por Edward R. Ayrton.

            El que las paredes de la mayor parte de los corredores estén pintadas de blanco se debe a que no fue decorada en su totalidad. Junto al sarcófago se puede ver una escena del «Juicio de los muertos». Otra imagen representa al faraón después de su muerte ante cada divinidad: Horus, con la corona del Alto y Bajo Egipto, ofreciendo dos vasos de vino y frente a la diosa Hathor. Se aprecia el uso del color, con jeroglíficos y figuras, con gran variedad de colores, acentuado por el fondo gris azulado.

            Horemheb, sucesor de Ay en la XVIII dinastía, introdujo en su tumba una innovación que luego sería seguida por Ajenatón y que consistía en completar las pinturas con relieves.

            Tumba de Amenhotep II o Amenofis II: a la salida de la tumba de Horemheb volved a situaros en el camino principal que sigue ascendiendo la colina. Al llegar al cruce, tomad el desvío de la derecha, la tumba aparece al final.

            Amenofis II, hijo de Tutmosis III, reinó durante 25 años y ocupó el séptimo puesto de la lista de la XVIII dinastía. Su sepulcro es una inmensa tumba que se hunde dentro de las entrañas de la roca y fue descubierta en la primavera de 1898 por Víctor Loret. Durante muchos años ha sido el principal punto de atención, ya que en una de sus cámaras se encontró el segundo escondite de momias reales. Entre las más famosas halladas: Ramsés IV, Siptah, Seti II, Tutmosis IV, la propia momia de Amenofis II, Amenofis III, Menephtah, Ramsés V y VI, la reina Tiy y dos pertenecientes a una pareja de mujeres y un niño no identificados.

            Las paredes de la tumba están decoradas con figuras del «Libro de lo que hay en el Más Allá» y su correspondiente texto. Están pintadas en negro, sobre un fondo amarillento, y presentan el aspecto de un gigantesco papiro enrollado. El techo de la cámara sepulcral está decorado con estrellas sobre un fondo azul oscuro.

            Tumbas de Tausert y Setnajt: se trata de dos tumbas juntas, la primera perteneció a la reina Tausert pero fue aprovechada por Setnajt. Sólo reinó dos años y perteneció a la XIX dinastía.

            Entre las escenas más bonitas, destaca una imagen del «Libro de las Cavernas» en la cámara sepulcral de Tausert. Aquí se aprecia al dios del sol en sus manifestaciones de escarabajo, disco y pájaro con cabeza de carnero.

            Seti II : tras visitar la tumba de Amenhotep II, volved por el mismo camino hasta alcanzar otra vez el cruce. Ascended por la cuesta de la colina hasta otro cruce, aquí tomad el desvío de la derecha. Subiréis por dos escaleras artificiales. En la parte final de la segunda explanada se encuentra la tumba perteneciente a Seti II (XIX dinastía). Antes de llegar a esta tumba se puede entrar en otras dos o tres que, a pesar de ser menos interesantes, se les puede echar un vistazo.

            La tumba no tiene grandes dimensiones y se caracteriza por un pasillo muy largo y llano, además de unas pinturas típicas como las del pasaje del «Libro de los Muertos». Quizás uno de sus mayores encantos estribe en ser la única tumba del valle en que se puede ver una momia. Ésta tumba fue escogida por Howard Carter para que durante todo el tiempo que durara la limpieza de la tumba de Tutankhamon le sirviera de laboratorio y almacén. Aún se puede ver la gran puerta de hierro que mandó construir Callender para protegerla mientras duraban las tareas de limpieza en la de Tutankhamon.

            La sala de pilares está decorada con el «Libro de las Puertas» y un sepulcro de Osiris. Pero los pilares aparecen decorados con una figura a cada lado, de manera, que dos lados adyacentes forman una escena. En la cámara sepulcral aparece el «Libro de las Puertas» y en el techo una figura estilizada de la diosa Nut.

            Tumba de Tutmosis III : es una de las mejores tumbas del valle y la de más difícil acceso, ya que se encuentra en un extremo, entre una de las grietas de la roca de la colina.

            Para llegar, desde la tumba de Seti II, volved a bajar por las escaleras hasta el primer cruce. Una vez allí, seguid el camino de la derecha que va hacia la colina. Tendréis que subir por una escalera de hierro bastante empinada, como lo es también la que da acceso a la tumba. Tened cuidado, los escalones son muy irregulares.

            Tutmosis III fue un faraón guerrero que perteneció a la XVII dinastía, su reinado fue uno de los más largos de la historia de Egipto (54 años).

            La tumba fue descubierta por Loret, quien al entrar por primera vez halló varios objetos del ajuar funerario destrozados que habían sido golpeados con tal fuerza contra la pared que aún se notaban las marcas en el yeso. Cuando aún no había terminado de limpiar esta tumba, encontró la de Amenofis II.

            El primer corredor tiene una pendiente muy pronunciada. La antecámara está sostenida por dos grandes pilares cuadrados. Aquí es preciso destacar la exactitud con que se ha trabajado y enlucido la piedra. Los colores cálidos de la decoración consiguen el efecto de parecer un dibujo sobre papiro. En una de las seis columnas de la cámara funeraria hay un pequeño dibujo de Tutmosis III con varias de sus reinas. A su lado se ve al rey amamantado por su madre, Isis; representada en forma de árbol con el pecho colgado de una rama. En general todas las pinturas de la cámara representan detalles del «Libro de lo que hay en el Más Allá». El techo ha sido completamente decorado con estrellas. La mayoría de éstas pinturas son una transposición del «Libro del Am-Duat» o «Escrito de la Sala Escondida», otro texto funerario del Imperio Nuevo, que en éste caso representa a 741 divinidades.

            La Tumba de Ramsés I : se encuentra en el otro lado del valle. Para llegar volved hasta el cobertizo de descanso y tomad el camino que sigue hacia arriba. Las tumbas están todas en la parte derecha del camino. De las tres que hay para visitar, la primera es la de Ramsés I.

            Esta no pudo ser acabada ya que el faraón falleció antes del término de las obras. Las pinturas muestran la «tercera hora» del «Libro de las Puertas». La barca sagrada navega del crepúsculo a la aurora; a bordo, el sol bajo la apariencia de Ra-Atón, con cabeza de carnero. También sobresale la representación de Ramsés ante Osiris y una forma con cabeza de escarabajo del dios Sol que abarca la mayor parte de la pared oeste de la cámara.

            Cuando se descubrió, se encontraron dos momias de mujer dentro del sarcófago. Habían sido metidas después de que se sacara la momia de Ramsés I para depositarla en el escondite real de Deir El Bahari.

            Las vigas de hierro que sujetan el techo fueron colocadas hace unos años ante el inminente peligro de derrumbamiento. Esta tumba ha estado recientemente sometida a una gran labor de restauración.

            La Tumba de Seti I: la segunda tumba en esta parte del camino es la perteneciente a Seti I, padre de Ramsés II. Sin duda, es la mejor tumba del valle, pero actualmente no se puede visitar. Lleva cerrada varios años y por el momento no se conoce la fecha de su reapertura.

            Con más de 100 m de longitud, es una de las más grandes del valle y una de las pocas que están totalmente terminadas, debido a los muchos años de reinado del faraón.

            Fue descubierta por Giovani Belzoni, un explorador que a la hora de conseguir algo que le recompensara de todos los gastos económicos, se llevó el ataúd de alabastro, considerado como pieza única. Luego lo expuso en el Museo Arquitectónico Británico, donde lo vendió por 2.000 libras esterlinas a Sir Joane, un famoso arquitecto de Londres. Actualmente, el ataúd se puede ver en la propia casa de éste arquitecto (13, Lincols Inn Fields St) que más tarde donó al estado; ahora convertida en museo.

            Fue restaurada por Howard Carter, quien realizó un trabajo tan perfecto, que la tumba no ha necesitado ninguna otra restauración hasta estos últimos años.

            Pero ésta tumba también encierra su secreto y misterio. Al final de la cámara funeraria, Belzoni descubrió un túnel lleno de escombros. Empezó la limpieza de éste, pero cuando los obreros estaban a una profundidad de más de 100 m respecto a la puerta de entrada, la carencia de oxígeno era tan notable que decidió suspenderse la operación. En la década de los cincuenta, Ali Abd El Rassul, el jeque local, excavó el túnel con una bomba de oxígeno para mejorar la labor de los obreros, pero se le terminó el presupuesto y también él se dio por vencido. Actualmente, para seguir la excavación se necesitaría ayuda económica, pero ese dinero también haría falta para otras tumbas en peor estado y a las que habría que dar prioridad.

            Respecto a la decoración, las imágenes tienen un cierto parecido a las que se encuentran en el templo del rey en Abidos. Por lo general muestran rasgos más refinados, con orejas grandes y bocas más pequeñas, que forman la base del nuevo estilo ramésida. Por primera vez, la «letanía de Ra» se aprecia en las paredes de los dos primeros pasillos, con escenas de la «Duat» también en el segundo pasillo. La cámara sepulcral alberga la primera aparición de un techo astronómico, con constelaciones específicas del cielo nocturno representadas junto con algunos decanatos.

            La Tumba de Tutmosis IV: para llegar seguid todo el camino que pasa por la tumba de Seti I. Al llegar al cruce, tomad el desvío de la derecha, va directo a la tumba de Tutmosis IV, hijo de Amenhotep.

            Es la única que hasta hace pocos años todavía conservaba el encanto que tenía cuando se descubrió, pues se podía ver la cuerda de los ladrones atada a una columna de la antecámara colgando en el pozo. Su descubrimiento corrió a cargo del propio Howard Carter, unos 20 años antes que la de Tutankhamon, aunque en esta ocasión estaba subvencionado por Davis, un acomodado abogado de Nueva York.

            Destaca el sarcófago rojo, en el que han sido pintadas en amarillo las figuras de los dioses.

            Aunque se hizo una minuciosa excavación de la tumba, la cámara sepulcral carece de decoración. Solo aparecen algunas imágenes en el pozo y la antecámara. Los techos de ambos lugares están decorados con estrellas amarillas sobre un fondo azul oscuro.

 

            Todas las tumbas descritas anteriormente, como las que a continuación se citan, no siempre están abiertas al público a causa de las restauraciones de que son objeto. En el primer apartado hemos procurado indicar las más interesantes y las que suelen estar abiertas normalmente. De las que se describen a continuación, algunas no son muy interesantes y además suelen estar casi siempre cerradas.

 

            La Tumba de Hatshepsut: es una de las tumbas más difíciles de visitar. Para llegar hasta ella, seguid ascendiendo por el mismo camino de la tumba de Seti I. Cuando hayáis subido el montículo descended por el camino hasta que veáis que se divide en dos, tomad el de la izquierda. La última tumba es la nº 20.

            Tiene casi 200 m de profundidad y es la mayor de todo Egipto. Carter necesitó dos campañas para poder limpiarla por completo, al ser tan profunda, el aire se mezclaba con el polvo y se hacía completamente irrespirable. Se cree que la tumba fue inicialmente construida para Tutmosis I (padre de Hatshepsut). Por causas que no se conocen, Hatshepsut, profundizó aún más la tumba para usarla a la hora de su muerte como lugar de enterramiento.

            A causa de que las paredes de esquisto de la cámara sepulcral excavada no eran adecuadas para la decoración, los textos funerarios se escribieron en bloques de piedra caliza, que seguramente revestían la habitación. Carter encontró unos 15 de estos bloques, inscritos en blanco y rojo, y decorados con escenas de la «Duat».

            La Tumba de Ramsés XI : se halla detrás del cobertizo de descanso. Para llegar tomad el mismo camino de la tumba de Seti I y luego el primer desvío de la izquierda, la tumba es la primera a la derecha.

            Es otra de las muchas que no se llegaron a terminar, como tampoco se enterró al faraón en ella. Se cree que también fue usurpada por Pinedyem I. Durante la última limpieza de que fue objeto en los años 1978-79 a cargo de John Romer, se descubrió que había sido utilizada como santuario en las últimas épocas de la historia faraónica.

            La decoración es muy escasa, aunque destacan algunas zonas de yeso pintado de amarillo con gran cantidad de escenas trazadas con líneas rojas. Aquí se aprecia al rey ante varios dioses, como el dios Harmaquis con cuatro cabezas de carnero.

            La Tumba de Yuya y Tuya: se encuentra cerca de la de Ramsés XI.

            Yuya y Tuya, fueron los padres de la reina Tiy, la bienamada esposa de Amenhotep III y madre del rey hereje, Ajenatón. La tumba fue descubierta por Davis y Maspero en colaboración con otras dos personas. Lo que más impresionó a estos descubridores fue el excelente estado de conservación en que se encontraban las momias y sus pertenencias. A pesar de que había sido saqueada, aún se conservaba gran parte del ajuar funerario.

            Entre los relatos que se escribieron de la tumba, Quibell (uno de los colaboradores del hallazgo), cuenta esta anécdota:

            Una tarde tuvo la visita de una señora acompañada de un francés que se dirigía a ella con el tratamiento de alteza. La señora vestía con sencillez, Quibell se disculpó de no poder ofrecerle casi ningún objeto antiguo para que lo viera, porque ya se había sacado el resto. La señora vio una silla dorada y dijo que esta le servía y se sentó. La silla pertenecía a Sitamun, y milagrosamente la antiquísima silla resistió. Más tarde se enteraron que esta señora era la emperatriz Eugenia de Francia, que había ido a Egipto después de treinta años de haber estado en la inauguración del Canal de Suez.

            La Tumba de Amenmese: está situada al lado de la de Ramsés III. Perteneció a un faraón de la XIX dinastía (1300-1200 a. de C.), que reinó durante cinco años. En un principio la decoración que se había hecho para Amenmese llegaba hasta la sala de pilares. Los dos primeros corredores estaban inscritos con las «letanías de Ra» y el tercero con escenas de la «Duat». Estos relieves fueron cubiertos y se volvieron a enyesar y pintar para las mujeres reales, Tajat y Baktuerel.

            La Tumba de Amenemope: está situada a la izquierda, en el camino de la tumba de Amenhotep II. Perteneció a un visir de Egipto y gobernador de Tebas, hermano de Sennefer. Fue descubierta en enero de 1906 por Edward R. Ayrton.

            La Tumba de Mahirpa: está muy cerca de la tumba del Canciller Bay (nº 13). Perteneció a un compañero de armas y amigo íntimo del rey Amenofis II (al menos eso se cree). La tumba es muy pequeña y cuando fue descubierta se encontraron gran cantidad de objetos del ajuar funerario. Ahora expuestos en el museo de El Cairo.

            La Tumba de Siptah: se encuentra en muy mal estado y se sitúa cerca de la de Bay, al lado de la de Tausert y Setnajt. Fue una de las tumbas de los reyes de la XIX dinastía. Su propietario, Siptah, reinó durante nueve años. Solo los pasillos exteriores fueron enyesados y decorados. La letanía de Ra se aprecia en el primer pasillo y al principio del segundo.

            La Tumba de Tutmosis I: fue la primera tumba que se construyó en el valle. Descubierta por Loret, está inacabada y mal terminada. Tutmosis I reinó durante 13 años. La tumba está sin decorar, aunque todavía se pueden ver algunos restos con inscripciones debajo del techo de la cámara sepulcral.

            La Tumba de Meritre-Hatshepsut: en ésta tumba se encontraron tres momias de unas cantantes del templo de Amón en Karnak. Fue ocupada por Sennefer, alcalde de Tebas. Aunque fue descubierta por Víctor Loret, el primero en entrar fue Howard Carter el 9 de diciembre de 1900.

            La Tumba de Ramsés X: se conoce muy poco de ésta tumba, pues no se ha terminado nunca de descombrar. Prácticamente no conserva ninguna pintura, a excepción del motivo de la entrada ramésida con imágenes del rey arrodillado a los lados del disco solar junto con otras diosas. Incluso esta última está muy deteriorada desde que la pintaron los artistas que acompañaban a Champollion.

            La Tumba de Montu-Hir-Kopesh-Ef : se halla al lado de la de Hatshepsut. Hay que destacar sus pinturas y sobre todo sus brillantes colores. Está inacabada, pues solamente se excavó el pasillo de acceso. Según las escenas de las paredes perteneció a Montu-hir-kopesh-ef, hijo de Ramsés IX. A ambos lados de la entrada, en las jambas, se ven serpientes gemelas. Un poco más al fondo, al principio del corredor, las hojas de las puertas abiertas tenían inscripciones en hierático con hechizos protectores del «Libro de los Muertos». Fue descubierta por Belzoni en 1917. Si no queréis usar el ticket de entrada, podéis verla perfectamente a través de la reja de entrada. Sus pequeñas dimensiones alcanzan para ver hasta el fondo del pasillo.

            La Tumba de Ramsés VII: no es demasiado interesante. Se excavó durante la XX dinastía. Sus últimas tareas de descombro corrieron a cargo de Edwin Brock en 1983-84. La tumba solamente consiste en la entrada, un primer corredor y la cámara sepulcral con una pequeña habitación y nicho. Las pinturas del corredor representan al rey ante Haractes-Atón-Jepri dioses solares a la izquierda y los Ptah-Sokar-Osiris dioses del mundo subterráneo a la derecha, a los que le siguen algunas partes del «Libro de las Puertas», el «Libro de las Cavernas» y varias muestras de la purificación del rey como Osiris.

            La Tumba nº 3: no se sabe a quien perteneció, aunque se cree que a un príncipe, hijo de Ramsés III. Está situada junto a la de Yuya y Tuya. Apenas conserva vestigios de decoración. Durante el período cristiano fue utilizada como iglesia copta.

            La Tumba nº 5: se localiza a la izquierda, antes de llegar a la entrada del valle y a sólo 70 metros de la tumba de Tutankhamon. Aunque se conocía su existencia desde finales del siglo XIX, había quedado sepultada, hasta que Kent Weeks la relocalizó entre 1985 y 1986. De ésta tumba solamente se conocía el pasillo de entrada, que estaba lleno de escombros. Pero tras la limpieza que está realizando Kent Weeks se ha podido saber que consta de más de 95 cámaras, lo que puede convertirse en la tumba más grande del valle. Se ha sabido que fue excavada para el enterramiento de los hijos de Ramsés II. Aunque no queda prácticamente nada de su decoración, se ha comprobado que las escenas eran parecidas a las que Ramsés III hizo para sus hijos en el Valle de las Reinas. Seguramente, hasta que ésta tumba pueda ser completamente estudiada y abierta al público, pasarán varios años.

           Después de haber realizado todo este recorrido, empezando por los Colosos de Memnon, Medinet Habu, etc., hasta terminar en el famoso Valle de los Reyes, no creáis que aquí se acaba toda la famosa Tebas. A continuación os vamos a indicar una serie de lugares que aunque no son generalmente visitados por los turistas, no dejan de ser de sumo interés para los aficionados a la egiptología.